Recurrentes han sido en los últimos meses las denuncias que han estado imbricadas con la publicación de agresiones por medio de redes sociales virtuales, particularmente facebook. Violaciones, bullying, maltrato familiar, ataques con ácido, peleas callejeras, entre otras, han sido parte de la página de inicio de cientos de personas. La denuncia, sin embargo, no es interpuesta por todas las personas que ven el video, algunos solamente se limitan a condenar el contenido a través de un comentario, incluso para otras personas la publicación merece ser compartida.
El acceso a las redes sociales ha sido amplio y su capacidad de difundir información rápidamente ha cambiado dinámicas sociales que no se limitan a la esfera virtual. Facebook es vendido como una plataforma para “compartir con la gente que quieres las cosas que de verdad te importan” (Facebook IPO 2010), entonces es válido preguntarse ¿cuáles son las cosas que realmente importan y queremos compartir? Estas redes han hecho de la vida personal un espectáculo que es premeditado, editado y promocionado. Además, se ha presentado como una aparente posibilidad de participar en las discusiones de interés público al ser un espacio de expresión; sin embargo, poco cuidado se ha puesto a la manera como se participa en los debates de diferente índole. La difusión de imágenes explícitas de violencia y agresión, aun cuando pretendan un discurso de rechazo a los actos concretos, pueden resultar contraproducentes. ¿Cómo son recibidas? ¿Qué discusiones generan? ¿Qué acciones desenlazan?
Así como se han generado acciones convocadas por medios como facebook, son también muchas las intenciones que se han quedado en una pestaña del navegador. Mucho se habla de paz, pero la paz no es algo que se delega. Aunque éste sea un tema recurrente en los debates virtuales, es necesario revisar si se están dando acciones concretas cotidianas que proyectan algún resultado fuera de la red social digital. Existe un punto fundamental: Facebook existe como un medio de expresión, mas no de acción. Los apasionados debates que allí se libran muchas veces en nombre de ideales nobles, son desenvueltos en medio de las imágenes que se pretende atacar. Hablar del respeto a las mujeres mientras compartimos el video de una violación, no es un acto noble ni consecuente, no lo es tampoco exaltar y proteger la infancia junto a la imagen de un niño golpeado.
La violencia, en un país que ha sido flagelado por sus formas más crueles, no puede limitarse a ser rechazada como un elemento abstracto. Sus formas de reproducción en imágenes y discursos de odio también deben ser necesariamente rechazados. No pueden existir discursos de paz sólidos y coherentes en medio de una cultura violenta. Hablar de paz y escribir sobre ella públicamente, implica un compromiso. Vigente sigue la famosa frase de colombianita “todo el mundo habla de paz, pero nadie se compromete”.
Laura Serrano & Angie Ariza
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