jueves, 17 de abril de 2014

A PROPÓSITO DEL PARO QUE SE VIENE:EL RENOVADO LIDERAZGO POLÍTICO DEL CAMPESINADO EN COLOMBIA

Las imágenes de los campesinos inundando las plaza nacionales en el paro agrario y el difundido video de Dignidad Agropecuaria sacando a Uribe de Tunja nos muestran a unos campesinos que no son aquellos a quienes hay que convencer en época de elecciones sino que son los líderes  políticos que tienen argumentos, no olvidan, construyen paz y reclaman soberanía, porque las urnas son insuficientes para la dignidad. Los campesinos han conmocionado a un país cuando se intentan  negar sus luchas y ham despertado una solidaridad activa de sectores urbanos que ha trascendido la indignación expresada en las redes sociales para llenar las calles. 

No son nuevas las reivindicaciones del agro que se ha visto afectado durante décadas de inequidades causadas por el manejo patrimonialista de los recursos públicos, los desequilibrios regionales, la sobreprotección del Estado al sector financiero, la concentración de la riqueza y de la propiedad territorial, la exclusión en la participación política, las acciones tanto paramilitares y guerrilleras en la apropiación del territorio, la vocación extractiva de la economía sin sostenibilidad ambiental, la dependencia económica del país con el exterior y la falta de políticas pertinentes de educación, salud e infraestructura. Frente a este panorama se han tejido varias estrategias de resistencia que han sido perseguidas y estigmatizadas durante años pero que han logrado triunfos parciales en el ámbito legislativo y social, como las Zonas de Reserva Campesina que se esbozan como un instrumento de lucha en contra de los fenómenos de apropiación y concentración de la tierra que han cambiado la condición de agricultores independientes a relaciones de arrendatarios y jornaleros agrícolas. Es así que los campesinos tienen la autoridad para exigirle a mandatorios respeto, soluciones y una vida digna, ya lo hicieron con Gaviria y su llamada apertura económica, ahora le recuerdan a Uribe y Santos los efectos del TLC

La figura del campesinado está cargada de memoria y futuro. Con la tenacidad de nuestros abuelos pueden paralizar un país buscando un cambio que no se limite a las recurrentes medidas asistencialistas, las cuales se han convertido en paliativos mientras la casusa de los problemas se profundizan; reconocida era la consigna del paro agrario “No necesitamos subsidios, sino políticas; políticas agropecuarias para poder trabajar”.  El escepticismo en la política tradicional ha llevado al campesino a reinventar las formas de hacer política, para ser los protagonistas y no sólo los sujetos pasivos de las legislaciones y políticas agrarias que afectan realidades tan propias que no pueden ser solamente determinadas desde una oficina, como por ejemplo aquellas que atañen los usos del suelo. 

De esta forma, desde el campo se está pensando un nuevo modelo de país que tiene como motor la indignación y la experiencia. Los saberes campesinos, que se atreven a cuestionar el orden vigente, no pueden seguir siendo excluidos del desarrollo institucional en aspectos vitales como la seguridad alimentaria. Aunque aún falta el reconocimiento de muchas iniciativas campesinas, se han cambiado las representaciones del campo y su gente, éste ha dejado de ser visto como “la finca” a la que se va de vacaciones para convertirse en el lugar de la resistencia y las ideas, porque el campesinado es capaz de reinventarse y dinamizar su propia visión del desarrollo.

Angie Paola Ariza Porras

COMPARTIR LA AGRESIÓN

Recurrentes han sido en los últimos meses las denuncias que han estado imbricadas con la publicación de agresiones por medio de redes sociales virtuales, particularmente facebook. Violaciones, bullying, maltrato familiar, ataques con ácido, peleas callejeras, entre otras, han sido parte de la página de inicio de cientos de personas. La denuncia, sin embargo, no es interpuesta por todas las personas que ven el video, algunos solamente se limitan a condenar el contenido a través de un comentario, incluso para otras personas la publicación merece ser compartida.


El acceso a las redes sociales ha sido amplio y su capacidad de difundir información rápidamente ha cambiado dinámicas sociales que no se limitan a la esfera virtual. Facebook es vendido como una plataforma para “compartir con la gente que quieres las cosas que de verdad te importan” (Facebook IPO 2010), entonces es válido preguntarse ¿cuáles son las cosas que realmente importan y queremos compartir? Estas redes han hecho de la vida personal un espectáculo que es premeditado, editado y promocionado. Además, se ha presentado como una aparente posibilidad de participar en las discusiones de interés público al ser un espacio de expresión; sin embargo, poco cuidado se ha puesto a la manera como se participa en los debates de diferente índole. La difusión de imágenes explícitas de violencia y agresión, aun cuando pretendan un discurso de rechazo a los actos concretos, pueden resultar contraproducentes. ¿Cómo son recibidas? ¿Qué discusiones generan? ¿Qué acciones desenlazan? 


Así como se han generado acciones convocadas por medios como facebook, son también muchas las intenciones que se han quedado en una pestaña del navegador. Mucho se habla de paz, pero la paz no es algo que se delega. Aunque éste sea un tema recurrente en los debates virtuales, es necesario revisar si se están dando acciones concretas cotidianas que proyectan algún resultado fuera de la red social digital. Existe un punto fundamental: Facebook existe como un medio de expresión, mas no de acción. Los apasionados debates que allí se libran muchas veces en nombre de ideales nobles, son desenvueltos en medio de las imágenes que se pretende atacar. Hablar del respeto a las mujeres mientras compartimos el video de una violación, no es un acto noble ni consecuente, no lo es tampoco exaltar y proteger la infancia junto a la imagen de un niño golpeado. 


La violencia, en un país que ha sido flagelado por sus formas más crueles, no puede limitarse a ser rechazada como un elemento abstracto. Sus formas de reproducción en imágenes y discursos de odio también deben ser necesariamente rechazados. No pueden existir discursos de paz sólidos y coherentes en medio de una cultura violenta. Hablar de paz y escribir sobre ella públicamente, implica un compromiso. Vigente sigue la famosa frase de colombianita “todo el mundo habla de paz, pero nadie se compromete”.

Laura Serrano & Angie Ariza