sábado, 31 de marzo de 2012

¡Que Mantilla se vaya a freír espárragos!, no es acto de voluntarismo estudiantil, se trata de autonomía, calidad académica, financiación y democracia.

¡Que Mantilla se vaya a freír espárragos!, no es acto de voluntarismo estudiantil, se trata de autonomía, calidad académica, financiación y democracia.

En el marco de las movilizaciones del  movimiento estudiantil realizadas durante el segundo semestre del año pasado, salieron a la luz las diferentes denuncias y exigencias, tanto de instituciones públicas y privadas, referentes al sistema de educación superior del país. Este proceso de organización y movilización, a pesar de responder a la coyuntura, planteó ideas posibles y de largo alcance que son hoy y seguirán siendo reivindicadas constantemente por estudiantes, profesores y trabajadores. Estas ideas se materializaron en el programa mínimo de la MANE -Mesa Amplia Nacional Estudiantil-: financiación estatal adecuada, democracia y autonomía, bienestar universitario, calidad académica, libertades democráticas y la vinculación real entre universidad  y sociedad. Bajo esta bandera, el movimiento estudiantil logró el apoyo de la sociedad y así garantizó un triunfo parcial, la caída de la reforma a la ley 30,  que exige acciones concretas de nuestra parte para poder alcanzar resultados que permitan la construcción de la educación como derecho y al servicio del pueblo.

Ante la designación de Ignacio Mantilla como rector para el periodo 2012-2015 de la universidad pública más grande del país, la Universidad Nacional de Colombia, el pasado jueves 25 de marzo, no sólo fueron cerca de 500 estudiantes los que rechazaron la decisión adoptada por el Consejo Superior Universitario, como afirmó El Espectador el 29 de marzo, pues evidentemente la ola de estudiantes que el pasado 30 de marzo llenó el auditorio León de Greiff para expresar su indignación e inconformidad superaba de lejos esta cifra. La toma de la biblioteca central, la realización de asambleas triestamentarias, la consulta alternativa, el pupitrazo, la marcha interna  tenían dos cosas en común: una denuncia contundente de  la falta de autonomía universitaria y la exigencia de democracia en la conformación de los cuerpos colegiados.
La Universidad Nacional, exige de parte de todos y todas acciones por un nuevo modelo de educación orientada a una universidad pública, autónoma, crítica, del pueblo y para el pueblo. Defendemos  a la UN como estudiantes porque es nuestra casa, porque no sólo es el lugar donde nos formamos como profesionales, sino el lugar donde soñamos, reímos y nos pensamos el país. Defendemos a la UN como ciudadanos porque es una institución pública, y así como nos emberracamos cuando la ETB busca “socios estratégicos” para sobrevivir, nos indigna que la Universidad tenga que venderse ante cualquier oferta porque el Estado únicamente dice que la Universidad es pública cuando nos reconocen internacionalmente, pero el “orgullo UN” se les acaba a la hora de financiar y ahí si la universidad  es una empresa autosostenible.

¿Quién es Ignacio Mantilla y porqué no nos gusta su modelo de universidad? Ignacio Mantilla se ha desempeñado como decano de la facultad de ciencias en la UN, sede Bogotá, donde ha demostrado no sólo un grado de autoritarismo nocivo y perjudicial para la construcción de comunidad, sino un pésimo manejo administrativo de los recursos. Aunque el programa que presentó para su candidatura a la rectoría tenía como ejes principales el fortalecimiento académico, la infraestructura y patrimonio, y la gestión administrativa, nos parece que alguien  que gastó 13 millones de pesos en su silla de decano y 26 millones de pesos en otras seis sillas traídas de Alemania, mientras los estudiantes se sientan en el piso, no tiene autoridad moral para hablar de gestión administrativa. De igual forma, quien hacina estudiantes en  salones de clase e instaura una reforma académica que no tiene en cuenta las desigualdades de los estudiantes a la hora de su ingreso, no puede hablar de fortalecimiento académico. Por último, quién persiguió al movimiento estudiantil en su lucha contra un reforma que afectaba profundamente la calidad, autonomía y financiación de la universidad y creó una “lista negra” de los estudiantes que se movilizan y  expresan abierta y francamente sus ideas, no puede ser nuestro rector.

Muchos de los estudiantes expresamos abiertamente el apoyo al candidato por la rectoría Leopoldo Múnera, quien además de demostrar su cualificación profesional para desempeñar el cargo, tiene conocimiento de la situación real de la universidad, acompañó el proceso contra la reforma a la ley 30 y en los debates públicos en el congreso silenció a la ministra con argumentos de peso y no con calificativos. A pesar de una victoria contundente del profesor Múnera en la  consulta electrónica,  el Consejo Superior Universitario ignoraba nuestra voz y designaba como rector a Ignacio Mantilla, a pesar que de antemano se sabía que no cuenta con la legitimidad del estudiantado y de la comunidad en general.

¿Qué pasó con la consulta y quién está tomando las decisiones en la universidad? Se han esforzado durante los últimos años en reiterarnos que se trata de una “consulta popular y no una elección popular”, la  afirmación del rector, en su comunicado del pasado 29 de marzo, “la consulta no es incluyente ni debe serlo”,  no es algo que no estemos acostumbrados a escuchar.  La elección del rector es hecha por el CSU -consejo superior universitario- integrado por la ministra de educación, quien lo preside, dos miembros designados por el Presidente de la República, un ex Rector de la Universidad Nacional de Colombia, elegido por los ex Rectores, un miembro designado por el Consejo Nacional de Educación Superior –CESU-. un miembro del Consejo académico, solamente un profesor de la universidad, solamente un estudiante de pregrado o de posgrado y el rector actual de la Universidad, con voz pero sin voto. La consulta, en donde no participan los trabajadores, en últimas solamente sirvió para elegir a los cinco candidatos que irían al CSU, de los siete que en principio se postularon, y  como bien dijo un representante estudiantil, en ese orden de ideas no debieron preguntarnos a quién queríamos como rector, sino a quién no y seguramente hubiéramos votado por Mantilla. 





En ese marco ¿desde donde se están tomando las decisiones trascendentales de la universidad?  Si bien la participación en la consulta no fue mayoritaria - ¡con qué ganas vota uno en una consulta que va a ser prácticamente ignorada!- este año aumentó comparativamente. No exigimos que la consulta sea el único criterio para elegir al rector, pero si exigimos que  la voz de los estudiantes quienes conocemos, amamos y defendemos a la UN, y por los que están decidiendo de manera arbitraria e inconveniente, y la voz de los trabajadores que al igual que nosotros hacen parte de la comunidad sea tenida en cuenta con el peso que se merece. Nos negamos a que la universidad esté regida por quienes desconocen la situación real de la comunidad, quienes no tienen que mojarse los pies caminando de un edificio a otro, quienes no reciben clases en salones con fallas estructurales, quienes no visitan el campus universitario y  eligen al rector a más de veinte cuadras de éste, escoltados por la guardia presidencial,  y quienes tienen un proyecto de nación diferente  al de los estudiantes, los cuales luchamos en pro de la ciudadanía, que no obedezca a los intereses internacionales y financieros de una élite minoritaria, sino que procure el bienestar y el progreso de la nación colombiana en su conjunto, donde la democracia y la libertad no sean una realidad tangente al interior de los claustros y sino una realidad en todos los espacios en que construimos país.

Aunque nuestra voz fue silenciada por los medios irresponsables y el escuadrón móvil antidisturbios, ESMAD, seguiremos rechazando rotundamente la designación de Ignacio Mantilla como rector de la Universidad nacional, tanto por su concepción de universidad y su trayectoria como decano, como por el mecanismo por el que fue elegido. Esta no será una rectoría legítima y poco podrá hacer realmente mientras cuente con la desaprobación de todo el estudiantado dispuesto a  hacer valer su voz. Todos unidos como UN grito de libertad haremos valer nuestras ideas, seguiremos en pie y continuaremos acercándonos a la realidad de una universidad democrática, estatal y popular, una educación al servicio del pueblo. Si algo tenemos claro es que NO QUEREMOS QUE NUESTRO DIPLOMA NOS LO ENTREGUE MANTILLA.

Angie Paola Ariza-Laura Marcela Serrano, La Tulpa.